viernes, 2 de noviembre de 2007

SILENCIO.



Un grito rebentó la noche:

- ¡NOOOOOOO!

El cuchillo entró una y otra vez, rompiendo la piel, despedazando la carne.

Otro grito junto a varios más.

- ¡AAARGHHH!

Todos en la misma tonalidad, en medio de la obscuridad de la calle, sobre la soledad del pavimento, enrojecido con la sangre derramada. Un cadaver, moscas buscando alimento, cae el sol, calor, putrefacción.




Recuerdo que te conocí cuando era un niño, en medio de los recreos, mientras nuestros compañeros jugaban a crecer, cuentos infantiles, la escondida, la pinta y el balón pié. Ese era el movimiento de nuestros pares, y nosotros soliamos quedarnos a la deriva, observando, observandolos, a veces intentando integrarnos a sus actvidades, pero nunca lo logramos, no pertenecíamos a ese movimiento, eramos como extraterrestres en misión de investigación, o como arañas tejiendo su tela, en nuestro rincón.

Lo mismo pasaba en el salón de clases, siempre nos molestó que los niños se nos acercaran sólo para obtener buenas calificaciones, mientras ellos alborotaban las clases, nosotros escuchabamos con atención, ubicados en los últimos puestos de la sala, para poder así observar mejor, al profesor, su clase, la ventana, el exterior, y claro, también a los juegos de nuestros compañeros que nos hacían romper en carcajadas armoniosas y sin sentido, riendonos de la estupidez humana.

Crecimos juntos, uno al lado del otro, o mejor dicho, uno a un lado y el otro al otro; sólo hablabamos para bromear, comentar algun libro o para hacer los trabajos en pareja que se nos encomendaban. Crecimos juntos, pasaron años de esta forma, llegó el momento de salir del colegio, y yo no sabía que hacer, a algo me debia dedicar, sólo sabía que el trabajo inmediato no era para mi, no quería caer en el gusto de ganar dinero, prefería seguir estudiando, aún mi enseñanza no estaba completa, lo sentía, pero mis razonamientos no me llevaban a nada en especifico, angustiosamente me preguntaba que camino tomar, que rumbo seguir, y sin encontrar respuesta alguna, exhausto te preguntaba que opinabas al respecto, que harías en mi lugar, y tú me mirabas a los ojos y con una seguridad inquietante me decias siempre las mismas tres palabras:

"Pregúntaselo al silencio".

Luego de hacerme sentir tu seguridad al respecto, me contabas que te irías a trabajar al campo, en la parcela de tus abuelos, con loa animales y la vegetación, me lo contabas con una alegría casi imperceptible, pero real, habías encontrado tú camino, mientras yo me quedaría acá en la ciudad, con sed de conocimientos y una inquietud grave respecto al mundo, este mundo, el que vemos día a día, cada uno con una rutina clara, tan clara que deja de tener sentido frente a la vorágine del ritmo marcado, pierden sentido, y yo aún no lo encontraba, y por lo tanto y con mayor razón no estaba dispuesto a perderlo sin siquiera haberlo encontrado.

Así pasaron los días, tú ya te habías ido, "al viejo nuevo mundo", como le solías decir, y yo me quedé, enigmático y errante, las personas circundaban en sus rutinas y yo presentía que poco a poco también caía a una, al propio círculo de preguntas y respuestas, respuestas abiertas, preguntas ambiguas, y un mundo que se movía más y más rápido, inversamente proporcional a mi movimiento; eso me agotaba, perdí energías, y ya con suerte me acordaba de mi vieja intención de encontrar mi lugar en el mundo, el aprender para hacer se había transformado en el olvidar para aliviar, mi disfunción social me hizo colapsar, y una noche como cualquier otra escapé de casa, sin despertar a mis padres tomé mi abrigo, mi cuaderno de notas, y salí, con la más absoluta intención de no estar ahí.

Vagué durante largas jornadas, en el abismo de días y noches sin sentido, me hize un lugar entre los borrachos, drogadictos, delincuentes y prostitutas, todas personas que tal como yo habían perdido sus hogares, sin techo y sin refugio, todo por ganar un poco de libertad, la libertad insensata que se presenta majestuosa frente a los ojos del éter mundano, eramos los fantasmas de la ciudad, hambrientos y con un sentido cada vez más irracional.

Una noche de lluvía y frío, me refugíe bajo un puente, entre ratas y mierda de ciudad, oculto del mundanal ruido e intentando no mojarme demasiado ni pasar mucho frío. Estaba ahí, oculto entre las sombras e intentando sobrevivir, cuando sentí que alguien se acercaba, era una pareja de jóvenes, ella luminosa y alegre, y el cálido y bondadoso, eran miembros de alguna iglesia local, una pastoral juvenil en misión de ayuda al necesitado, traían comida y abrigo con las manos abiertas, los recibí feliz, se los agradecí mucho, me invitaron a una casa de acogida financiada por su templo, y ahí me quede, recobrando mis energías perdidas.

Gracias a estos jóvenes fué que logre reencontrar, o mejor dicho, redescubrir mi rumbo. Me quedé con ellos bajo el cuidado de su iglesia, aprendiendo de sus costumbres, y escuhando atento los sermones del parroco, me fuí interesando poco a poco en la forma de vida de estas personas, ellos se veían felices, y eso me hacía sentir que estaba en el lugar correcto.

Una mañana, mientras barría las hojas del patio, el parroco se me acercó y me dijo que tenía que hablar conmigo. Fuimos a su despacho, un cuarto lleno de libros e imágenes alusivas al padre, al hijo y al espíritu santo, me dijo que me sentara y comenzo a hablar:

"Hijo, debo contarte una triste noticia, tus padres han muerto, anoche un incencio deboró tu antiguo hogar, acabando con sus vidas y todas sus pertenencias. Lo siento. Debes resignarte y estar en paz".

Lloré, lloré mucho, no sabía de mis padres desde aquella noche hace seis años cuando escapé de mi hogar, no había querido volver ni visitarlos pues no me sentia bien con su forma tan productiva de vivir, trabajando tanto que se habían olvidado de sí mismos y también de mi hermética personalidad, por eso es que había escapado; pero de todas formas su muerte me provocó un dolor intenso, me hizo recordar quién soy y finalmente los deje ir en paz gracias a la ayuda de esta comunidad eclesiastica que nunca me abandonó. Tánto fué su acogida conmigo que lograron despertar en mi el interés por los misterios de la biblia, me acerqué a dios y a su mensaje, acompañé en sus servicios al parroco y a toda la comunidad del templo; hasta que una mañana lo ví claramente, este era mi rumbo perdido, lo había encontrado y debia dar un paso importante, lo hice, entre al seminario.

Después de unos años lo logré, ahora era sacerdote, la palabra de dios corría por mis venas y mi misión era entregarla a la comunidad, ser un buen pastor y dirigir al rebaño por el camino de la fé y la buenaventuranza. En el seminario aprendí muchas cosas, teología, trabajo social, comunicación y entrega desinteresada, aprendí los ritos sagrados y los misterios me fueron develados, opté por el celibato, por dios dí mis votos y así debía perdurar.

La primera misión que se me encomendó fué la de reemplazar en sus funciones a un anciano sacerdote que había muerto hace poco debido a una avanzada enfermedad. La comunidad era un pueblo rural en el sur del país, viajé hasta allá y cumplí con lo encomendado, ser pastor para estas ovejas.

Todo funcionaba normalmente, sólo una cosa no lograba comprender y me costaba mucho aceptar, la pobreza, simplemente no la entendía, porqué unos tienen tanto y otros tan poco, incluso llegué a incluir al propio vaticano lleno de oro y riquezas dentro de estos pensamientos, pero por temor a dios preferí callar, callé y simplifique todo a dirigir mi atención a mi rebaño, de ellos era de quienes me debía ocupar.

Una tarde mientras cumplía con el rito del confesionario, un joven entró al cubículo a develarme sus pecados; tal como corresponde a mis funciones lo escuché con atención, y de cierta forma logré identificar en sus inquietudes al enigmático y errante joven que yo fuí hace años atrás, lo escuché y luego le dije lo que debía hacer, el se fué aliviado y luego comenzo a asistir con mayor regularidad a las actividades que desarrollabamos en la parroquía. El me decía que se sentía protegido por nosotros, y en especial por mí, y yo me sentía feliz de poderlo ayudar.

Día a día este joven se acercó más, formamos un lazo de amistad, era una bendición de dios, nos ayudabamos mutuamente, el cumpliendo funciones en la pastoral juvenil, y yo guiándolo y apoyándolo. Hasta que un día ocurrió lo que nunca pensé podría ocurrir, estabamos en el templo a puertas cerradas y el se acercó mas de lo acostumbrado, me acarició, me besó, yo me deje llevar por su juvenil enstusiasmo y frente al crucifijo y al altar caímos en un acto carnal y salvaje, el me decía:

"Padre, no te procupes, somos dos animalitos del señor".

Yo le creí, le encontre sentido, y nuestro sexo se hizo divino, a nuestros ojos se trataba de una relación bendecida por dios, y sin contarle nada a nadie, hicimos de este acto un rito mas para nosotros, un rito privado y frecuente, lleno de amor y de la gracia del señor.

Así pasaron días, luego meses y años, conocí a su familia, pobre pero honrrada, el encontró trabajo en una parcela y con ello nos fuimos viendo cada vez menos, yo lo comenze a extrañar, su presencia me vitalizaba y su ausencia me hacía caer en la nostalgia de la vejez. Los días sin vernos se hicieron más y más largos, hasta el punto en que no soporté mas y decidido lo fuí a buscar a su trabajo.

La parcela estaba alejada del pueblo, más allá de sus límites, de ello me dí cuenta cuando en el trayecto ví como quedaba atras el viejo cementerio local, al pasar por ahí de cierta forma sentí como salia de los límites de mi comunidad. Dejaba atrás a mis ovejas y presentía que de cierta forma estaba entranto en territorio de lobos, con sus leyes y sus propias costumbres.

Llegué a la parcela, entusiasmado por ver a mi hijo entré veloz sin avisar a nadie; por sus cartas sabía que el trabajaba en la barraca, asi que me dirigí ahí. El lugar me causo temor, demasiada soledad y silencio confundian mis sentidos, parecía como si este lugar fuese obra del demonio, entonces ví la barraca, una gran construcción avejentada por el tiempo, entre sigiloso y ahi lo vi, mi niño estaba trabajando arduamente, cortando y cargando madera, se veía sudoroso y agotado, hasta que me vió y me dijo:

- ¡Vete de aquí!. no es bueno que estes aquí, ni para tí ni para mí.

- Pero hijo mío. Te extraño mucho. Vine exclusivamente para poder calmar mi angustia por no estar a tu lado.

- Padre querido, mañana iré al templo, junto a dios estaremos, por ahora debes irte.


Sentí que lo que mi niño decia era verdad, así que partí y lo deje ahi, ciertamente con una sensación de que ese no era lugar para que un buen cristiano como el trabajase. Pero me alejé confiado en que al día siguiente podriamos estar juntos, padre, hijo y espíritu santo, como debe ser.

Al salir de la parcela, esperando un bus que me llevase de regreso al pueblo, un lujoso auto negro se detuvo frente a mí, sus vidrios polarizados no me dejaban ver de quien se trataba, hasta que bajó uno de ellos y lo logré ver, era mi viejo amigo de la infancia, era él, y me invito a subir a su auto para llevarme al pueblo.

Conversamos mucho, le conte la historia de mi vida, y el me contó la suya, me dijo que esta parcela donde trabajaba mi hijo era de su propiedad, parte de su propiedad, que se dedicó a trabajar en el campo con sus abuelos obteniendo muy buenos dividendos económicos, el campo y los negocios eran su vida, sólo una cosa me hizo desconfiar de el, tenía muy mal catalogado a mi hijo, se refirió a el como un "Maricón, sucio, flojo y ladrón", y me dijo que yo como sacerdote debía corregir su camino antes de que se perdiera definitivamente.

Me dejo en la puerta del templo, y prometimos vernos a la noche siguiente en la plaza del pueblo para charlar sobre algunos proyectos de beneficencia que a ambos nos interesaba implementar en la comunidad, en ese sentido podriamos hacer un buen equipo, cada uno con sus propias particularidades. Nos depedimos y yo silenciosamente me dirigí a mi cuarto, oré un par de horas y me dormí agotado, había sido un largo día.

Al día siguiente, mientras desayunaba, un joven feligrés llegó corriendo y agitado hasta mi mesa, y entre nervios, lágrimas y desazón me dijo:

"Padre, Padre, vea, lea el periódico de hoy, algo terrible a ocurrido".

Ví el periódico y comprendí e hice mío el alterado estado del joven feligres, en el periódico decía:

JOVEN TRABAJADOR DE PARCELA FUE ENCONTRADO MUERTO.
EL PRINCIPAL SOSPECHOSO ES EL DUEÑO DEL FUNDO, QUIEN SE HA DADO A LA FUGA.

Grité, lloré y maldecí, se trataba de mi hijo y de mi antiguo amigo, no lo podia creer, por momentos se me derrumbo todo en mi mente y corazón, dejé el desayuno a medio terminar y me encerré en mi pieza durante todo el día, me encerré con llave y dí ordenes de que nadie me molestara, así fué y durante el día caí preso de la mas absoluta confusión.

"¡¿Porqué?!, ¡¿Porqué?!, ¡¿Porqué?!".

Me gritaba incesantemente sin encontrar respuestas. Hasta que el agotamiento de la crisis me hizo caer dormido, soñe, ví a mi hijo con el rostro de cristo, crucificado en las maderas de la barraca, y ví a mi viejo amigo azotándolo y ríendo a carcajadas, carcajadas diabólicas.

Desperté, fué un sueño revelador, ahora lo entendía todo, la luz de dios se me presentó majestuosa en este amargo momento, y algo debía hacer con ello, yo era el sacerdote, por lo tanto iluminado sabía que, como y donde debía hacer la obra del señor.

Era de noche, y algo me decia que mi viejo amigo, a pesar de lo ocurrido, si se presentaría en la plaza del pueblo tal y como lo habíamos acordado en nuestro último encuentro. Me dirigí ahí y espere bajo la sombra de los árboles, me encontraba en la obscuridad absoluta, nadie me podia ver, esperé atento y concentrado hasta que sucedió lo que todos ya saben.


Un grito rebentó la noche:

- ¡NOOOOOOO!

El cuchillo entró una y otra vez, rompiendo la piel, despedazando la carne.

Otro grito junto a varios más.

- ¡AAARGHHH!

Todos en la misma tonalidad, en medio de la obscuridad de la calle, sobre la soledad del pavimento, enrojecido con la sangre derramada. Un cadaver, moscas buscando alimento, cae el sol, calor, putrefacción.


Las ovejas no comprendieron a su pastor, lo encerraron y aquí estoy, me dieron por loco y estoy encerrado junto a la celda de un tal Orias; ya no tenía mucho que hacer, solo oraba diciendo "Perdónalos señor porque no saben lo que hacen"; y de vez en cuando volvía de mis más relegados recuerdos la imagen de mi viejo amigo, ensangrentado, con las profundas heridas de los cuchillos que utilizé para darle la bendición de dios, con sus heridas como estigmas y un crucifijo enterrado en su cabeza simulando ser la legendaria excalibur, que entierra al poder en las rocas ancestrales.

Ahí estaba mi viejo amigo diciendome las mismas palabras que pronunció años atrás:

"Pregúntaselo al silencio".

Yo lo veo y lo escucho, luego el se vá y yo me quedo aquí tratando de comprender esas palabras. Me duermo y despierto, quizás estoy soñando, no lo se. Salgo al patio y veo a Orias escribiendo con una rama en la tierra exactamente esas mismas palabras. Me sorprendí mucho al verlo escribir eso, pero preferí callar ya que una sola cosa ha logrado calmar mi espíritu: "La paz está en el silencio". De esta forma hize del hermetismo mi escudo, mi arma y mi corazón, guardé silencio y entregué mi alma a dios, caí en el olvido y ya no recuerdo ni quien soy, "¿Lo recuerdas tú?", esa es tú misión.

4 comentarios:

Whimsicalsun dijo...

Uuh Víctor esta demasiado bueno el cuento.
Es re tarde y tenia pendiente venir, dije uuh es muy largo y debo dormir, pero te juro que no pude dejar de leer xD
Esta genial.
Los cambios...todo.
Es antigua la idea? O es actual?
Cuanto te tardaste en escribirlo?

Noto que es tu forma de escribir eso de cambiar el tempo de una forma muy natural. Tambien lo de dar una pista al comienzo.

Aparte de gustarme harto varias partes en especial, destaco una frase que me quedó dando vueltas "eramos los fantasmas de la ciudad"...eso me encantó...claro, lo que la gente no quiere ver.

Orias...te juro que el cuento está para sacar mas de un grito de parte de la iglesia. Le diré a una amiga que lo lea, seguro le gustará.

Mi 'cosa esa' que quiero publicar algun dia, tambien tiene marcado un tema sobre la iglesia...y creo que esa idea nunca se quitara de mi mente.

No ocupo Blogger ya, mi blog es http://whimsicalsun.livejournal.com pero esta cosa no me dejaba postear si no ponia mi gmail.

Cariños y sigue asi.
Más me gustaria que los dos tubieramos esto en un hermoso papel entre hermosas tapas...pero por el momento seguiremos expresandonos asi.

Sol.

derelysa dijo...

wuaa!!
es super largo, pero sabes vale pena leerlo!

me encanto...
en un momento me erize entera...
:S
me dio hasta su miedo, con pena e intriga...

quede pa dentro...


siempre has escrito bien...
bknes los contrastes de emoción, furza, es como de arriba, abajo y en hondas...
genial!!

me gusto mucho de verdad!

ya po eso...
te kero!!
cuidate!
besitos!

karina*

Moonchild dijo...

Puede el silencio refugiarme esta vez a modo de respuesta? tu sabes lo que pienso ( y siento ) sobre el cuento, un destello mas de tu luz en plena metamorfosis.

LEONOR DINAMARCA dijo...

Voy hacia ti amigo mío
porque sé que leeras esto
No soltaré tu mano, porque siempre hay alimañas tratando de envolver nuestros pasos.
Desde este rincón te digo que te amo, que eres un hombre magnífico, un poeta potente, un artista en toda su dimensión.
Ves más de la cuenta, como todos aquellos que estamos rodeados por las musas.
Es hora de volver del Infierno, yo ya estoy de vuelta y te traigo conmigo, de nuevo a este mundo para crear lo imposible.
Te amo