lunes, 4 de junio de 2007

LA METAMORFOSIS ONIRICA DEL SER.



"La metamorfosis onírica del ser".

Alex se encontraba sentado, su cuerpo acusaba el cansancio de jornadas completas bajo el fuego de la inconciencia, y echaba miradas de reojo hacia el horizonte, como queriendo hacer prevalecer sus ganas de fundirse en su punto de fuga; pero el cansancio podía mas, sus energías lo hacían bajar la cabeza y hundirse en su larga cabellera, como tapándose el rostro de alguien que no estaba ahí, pues el desierto era cruel, el desierto del alma que lo engañaba haciéndolo creer que había alguien ahí, mientras la nada reinaba a su alrededor.

Cayo dormido ante los espejismos emocionales, y soñó, soñó sueños inenarrables pero cuya lucidez sanguínea los hacia sentir como reales, luz, oscuridad, luz, oscuridad, como un efecto de persistencia retiniana que su cinematógrafo vascular lo convertía en el protagonista subjetivo de una historia que a pesar de su irracional esencia lo hacían creer que de verdad era la mejor opción a tomar entre tantas puertas que se asomaban como bufones posibilitadores de una continuación de su autopista al infierno. Simplemente se dejo llevar por el mundo onírico, haciendo de este su hogar, forjando en este las raíces de un esquizofrénico prisma a través del cual quemar sus venas, tal como una lupa quemaría las hojas del té áspero en el que se sumergió al saberse un mesías revolucionario del suicidio colectivo, un don nadie adorado por los muñecos adorables pero autómatas, criminales sin quererlo ni saberlo, seres perdidos en el abismo de la confusión generacional.

Se dejo arrastrar hasta lo mas profundo del hades, cruzo las barreras de los populosos y manipuladores cancerberos, hizo pactos con los habitantes del sub mundo, y creó alianzas parricidas, todo esto en medio de una tormenta de muertes inconclusas e invisibles, un ambiente denso, pero que lo hacia respirar un aroma de ensueño, o un hedor asfixiante, podría haber sido cualquiera de las dos cosas o también ambas en una, mas eso no tenia importancia alguna, pues ya ni siquiera se le encontraba ahí, ya había salido del huevo universal, las estrellas ya no eran un techo sino que eran como hormigas que se pisaban sin saber que su cuerpo aun estaba allá abajo, su cuerpo, su carne, su pasaporte a la trascendencia, su olvidada oportunidad, que había perdido al dejarse dominar por el cansancio que lo había llevado hasta ese lugar.

Estaba ahí, mirando desde fuera, y este fractal atómico mostraba una apariencia dócil y frágil, tentadoramente frágil, un dulce sabor de poder que lo llevaría hasta el extremo menos pensado, pues simplemente ahí no se pensaba, ahí era todo un gran acto animalesco de placer salvaje, un indecente circo de emociones divinizadas, autoproclamada, y elevada a un nivel cuasi orgásmico, que lo motivaban a tomar en sus manos a aquel fractal y dejarse invadir por la irresistible lujuria de abominación asesina, lo quería, lo deseaba, realmente sentía la necesidad de hacer trizas aquel fractal, destrozarlo con un simple cerrar de puño que lo acorralaría dentro de la cárcel de la mano de un hijo que se escapo de su universo, un desertor de sus reglas, que ahora miraba desde lo alto con ganas de acabar con toda esa cárcel, prisión de inocentes observadores de sombras, indecentes conformistas espirituales, minúsculos y aborrecibles seres humanos.

Fue entonces, justo antes de empuñar la muerte absoluta, que un destello en el fractal lo hizo fijar su atención en ese minúsculo trozo de vida, algo brillaba ahí, no sabia bien de que se trataba, pero era un brillo incandescente que pululaba como si le hiciese guiños con claroscuros simbólicos, alguna razón debería haber para que este destello lo detuviera antes de empuñar su mano, algún motivo tiene que haber para que le llamase de modo tan irresistible su atención, algo tenía que haber en ese semáforo en rojo, así que fijo sus tres ojos en ese mismo punto, pasando por un túnel de luces en espiral, azules, rojas, verdes, amarillas, el espiral de luz iba cambiando de color y se hacia cada vez mas profundo e hipnotizante, el espiral de luz lo dormía en la curiosidad de saber qué había al final del camino, qué había en ese lugar, ese lugar que lo había detenido antes de acabar con todo.

De pronto Alex se encontró en medio de la nada, la oscuridad absoluta reinaba en aquel espacio perdido entre las paginas de las maravillas, quería averiguar qué era aquel brillo que lo había detenido, pero había llegado a un lugar donde no existían respuestas, solo existía una imponente nada, estaba perdido en medio de la nada, queriendo saber que era lo que había sucedido, sus ojos solo veían nada, sus ojos solo veían lo que se les mostraba, sus ojos, eso es pensó, sus ojos eran la clave, si estaba rodeado de nada, esto lo sabia por la información que sus ojos le entregaban, asi que decidió arriesgarse, su curiosidad era inmensa y la visión ya no era una herramienta útil ante esta situación, asi que sin darle mayor vueltas al asunto y con las mismas manos con las que habría destrozado el fractal, agarro sus globos oculares y se los arranco de cuajo dejando que su sangre brotara como yacimientos con sabor a vida, todo tiene su precio pensó, todo tiene su precio, y claro, su corazonada le había develado la oscuridad, había acabado con la nada que lo rodeara momentos atrás, ya podía ver, y podía darse cuenta que un poco mas allá se encontraba aquel brillo que lo magnetizó, aquel brillo estaba ahí, a solo unos pocos pasos de distancia, pasos que se hicieron nada ante la alegría sapiente de Alex, alegría que se convirtió en asombro, en una mezcla de asombro, tristeza y nostalgia, con un leve pero innegable sabor a milagro, aquel brillo que lo había atraído hasta ahí se trataba nada mas que de sí mismo, su cuerpo dormido era el que hacia que la luz al fondo se viera entorpecida, y por lo tanto formará aquel contraste de efervescencia visual que tanto llamó su atención, la luz al fondo, esa luz era algo que ya había olvidado, esa luz era el motivo que lo hacia levantar la cabeza antes de que la hundiera entre su larga cabellera, era el punto de fuga, su punto de fuga, su objetivo en el horizonte, y eso, junto con el si mismo dormido, eran el motivo que tanto quiso saber, la razón que lo hizo retroceder en el camino, el camino que había realizado en forma inversa y que ahora había desecho, había vuelto a su punto de origen, al origen de su inacabable y onírico viaje por el inframundo, ahora estaba todo claro y era el momento de despertar.

Alex escucho el sonido de unas odiosas aves carroñeras que aprovecharían su inconciencia para alimentarse de su carne, las escucho y despertó alarmado, con las energías que antes de aquel sueño le eran extrañas; se paró de ese lugar en medio del desierto y ahuyento a la carroña, los echó lejos con un solo gran grito, una gutural melodía que resonó hasta el mismísimo horizonte, aquel horizonte que ahora recordaba y que con energías repuestas podía observar sin agachar la cabeza, aquel horizonte que albergaba su punto de fuga, su olvidado pero recobrado punto de fuga, su verdadero portal de trascendencia que ahora si que lo podía ver como un objetivo totalmente alcanzable; el final del arcoiris estaba ahí y sus firmes pasos lo llevarían hasta aquel lugar desde el cual poder pasar al siguiente sephiroth, a un nuevo nivel que lo esperaba con los brazos abiertos, a la siguiente casa en el camino, al punto desde el cual no existe paso atrás, no porque lo encierre en una ilusa sensación de poder, como la que antes había experimentado, y que mas allá de su esencia de criminalidad era un camino necesario de conocer, aprehender y pasar; sino que simplemente, porque había salido mas allá de lo que el cielo y el infierno juntos le pudiesen entregar, había llegado por fin a su propio y nuevo hogar, en el cual poder proseguir dejando el legado a sus vidas pasadas que lo resguardaban como centinelas de su propia y esencial identidad.

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